Pensar la técnica

“Somos plantas, queramos o no confesarlo de buena gana, que debemos salir de la tierra para florecer en el éter y poder dar frutos”

(Johann Peter Hebel)

Citado por M. Heidegger (1955) en su discurso Gelassenheit.

El verbo “pensar” puede tener un significado muy obvio para nosotros, decimos que pensar es el acto de formar y ordenar conceptos o ideas. Cuando pensamos en el pasado hablamos de recordar, y si se trata del futuro, de un pensar estimativo.
Bueno, para Heidegger “pensar” no era tan obvio y su sentido no es unívoco. En su discurso pronunciado en su ciudad natal Messkirch, el 30 de octubre de 1955, titulado en alemán Gelassenheit (Serenidad-para-con-las-cosas)*, nos habla de que hay cierto tipo de pensamiento que, de imponerse, produciría la ausencia de pensamiento.

El filósofo alemán vio que las personas de su época padecían una “creciente falta de pensamiento”, a causa de que “el hombre actual está en una fuga del pensar”. Paradójicamente, las personas no reconocen tal problema porque desarrollan exitosamente una forma especial de pensamiento, el “pensamiento calculador”, propio del pensamiento que, para montar una empresa, cuenta, calcula, planifica, investiga considerando ciertas circunstancias, para, finalmente, lograr un determinado éxito.

“El pensamiento calculador no se detiene nunca, no se para a reflexionar, no es un pensamiento que medite sobre el sentido que impera en todo cuanto existe.”

Heidegger cree que este pensamiento es necesario. Sin embargo, a este debe sumarse otro tipo de pensamiento, la “meditación reflexiva”. Este, es considerado por muchos como un pensamiento inútil y demasiado elevado como para ser practicado. Heidegger reconoce que el pensamiento reflexivo “reclama a veces mayor esfuerzo. Exige un adiestramiento más prolongado”, implica demora, espera, así como el labrador espera “a que la siembra brote y a que llegue a madurez”.

La diferencia más profunda entre estos pensamientos radica en la relación que el ser pensante tiene con el mundo, la naturaleza, con el “suelo”. El pensamiento calculante surge con la técnica moderna, concibe al mundo como un objeto, a la naturaleza como “una única y gigantesca ‘estación de servicio’”, a la que hay que provocar o exigir para que libere su energía, con el fin de acumularla y explotarla.

En cambio, el pensar meditativo emerge desde el “suelo”, desde la “autoctonía”, desde el “terruño”, no piensa la naturaleza como un objeto al que se debe explotar, sino que se entiende como parte de ella, la cuida y espera con paciencia que de su fruto; no planifica para construir una empresa que sustituya a la tierra, sino que la aprecia, se demora en lo “próximo” y reflexiona en “lo más próximo”, “en lo que a nosotros, a cada cual, aquí y ahora nos atañe”.

Para Heidegger, el problema del pensar calculante y de la técnica moderna es que “los aparatos tecnológicos y los automatismos” van cercando al hombre, le imponen exigencias, “lo atan, lo arrojan y desplazan”. Cuánto más en nuestra época, donde los aparatos tecnológicos se han incorporado a nosotros y nos hemos vuelto esclavos de ellos. Lo que a Heidegger más le preocupaba era, precisamente, que el hombre renunciara completamente al pensamiento reflexivo y cediera a la “irresistible preponderancia de la técnica”.

¿Cuál es la solución que propone Heidegger al problema de la “fuga del pensar”? No se trata de ir en contra de la técnica moderna ni el pensamiento calculante, sino que, de aplicar el pensar meditativo a estos. Es decir, reflexionar, meditar sobre el sentido los objetos técnicos para no caer en su servidumbre, sino que, servirnos de ellos y “mantenernos tan libres de ellos que queden siempre en desasimiento de nosotros”. Es un decir “simultáneamente sí y no a los objetos de la técnica”. A esta “actitud del simultáneo sí y no al mundo técnico” Heidegger le llama “la serenidad ante las cosas” (Gelassenheit). Esta actitud debe ir acompañada de una “apertura al misterio” porque “el sentido del mundo técnico se oculta” a causa de su constante avance.

Heidegger nos hace un llamado a esforzarnos por tener una actitud serena y abierta hacia el mundo técnico, a pensar la técnica. Esta actitud nos puede conducir a una nueva autoctonía, un nuevo suelo, y nos puede salvar de la total ausencia del pensamiento.

* puedes descargar la versión en español del discurso en el siguiente link: http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/psicologia/article/download/15808/16639

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