Alteridad y rostro

Emmanuel Levinas (1906-1995)

A partir del pensamiento de Emmanuel Levinas, especialmente de sus obras Totalidad e Infinito y Humanismo del otro hombre, podemos definir la alteridad como la condición de ser absolutamente Otro. Aquí, el Otro es entendido como atópico, es decir: “no está en ningún lugar”, y es representado por la figura del “extranjero que perturba el ‘en nuestra casa’». Para el filósofo lituano, el Otro es exterioridad o trascendencia, es infinito. Del Otro en cuanto tal, sólo se puede tener una idea de su infinitud, lo que Levinas denomina la “infinición”, por lo que el Otro se convierte en un misterio totalmente inabarcable e irreductible, incapaz de ser hecho un igual o idéntico. Entonces, cada humano es un «absolutamente Otro», «sobre el cual no puedo poder».

Levinas tiene el cuidado de no hacer del Otro una pura exterioridad y trascendencia, sino que lo concibe también desde su inmanencia e interioridad. Es más, es precisamente su interioridad lo que hace que el Otro sea absolutamente infinito. Me explico, la interioridad o intimidad de cada individuo está dada por sus operaciones inmanentes, es decir, aquellas actividades que permanecen en quien las ejecuta y configuran su «dentro», su interior. Esto nos señala que cada persona es el resultado de su biografía, de su propia historia. Así, cada ser humano es un «Otro» que no puede ser conceptualizado, definido, capturado por una idea; es irrepetible, porque su intimidad es una realidad infinita, una insondable riqueza. El Otro, por tanto, es, como dice Levinas, alguien “sobre el cual no puedo poder”, es decir, que es indisponible, soberano de sí mismo y no puede ser poseído.

La alteridad, por tanto, sólo es posible cuando reconozco que «cada ser tiene su tiempo, es decir su interioridad». En otras palabras, la alteridad es posible cuando soy consciente de que el Otro tiene su propia historia:

«Gracias a la dimensión de la interioridad el ser se niega al concepto y resiste a la totalización».

Levinas, Totalidad e Infinito, p. 81

Este interior infinito del Otro se hace realidad palpable en su rostro.

Para Levinas, el rostro es “el modo por el cual se presenta el Otro, que supera la idea de lo Otro en mí”.

Levinas, Totalidad e Infinito, p. 75

La aparición concreta del otro en su rostro supera mi conocimiento acerca de él; en otras palabras, su rostro me hace entender que lo que sabía de él no era suficiente, que incluso estaba equivocado o que sabía de él no más que la nada. La presencia del otro develado en su rostro derrumba mis prejuicios hacia él. El rostro es, pues, un acontecimiento totalmente novedoso, o como lo llama Levinas, una “epifanía” del otro infinitamente trascendente.

Por el contrario, cuando la presencia del otro se torna cotidiana, conocida, habitual, producto de la conceptualización y objetivación de él, comienza un proceso de «neutralización», de incorporación a mi Yo, a mi hábitat, a mi mundillo, donde todo es mío. El Otro ahora se convierte en un igual o idéntico a mí, en una extensión y posesión de mi Mismo, en un utensilio de mi hogar, un concepto de mi propia totalidad.

Por último, la alteridad es pedagógica y enriquecedora, ya que la relación con el Otro implica ser enseñado. Su enseñanza “viene del exterior y me trae más de lo que contengo”.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s